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Vil Stein y los hijos de la pernada

Publicado: 2010-10-13

Al nacer Vil Stein, la matrona, en vez de darle nalgadas, le aplicó dos lapos en la mollera, para felicidad del infante. Así, desde su mismo nacimiento, este impresentable y tremendo Juez se acostumbró al castigo, la matonería y el servilismo como forma de vida.

No le fue mal a Vil Stein en su carrera tinterilla, aprobando con honores cursos elementales  como Ley del Talión I, Vendetta Camorrera II, Introducción al Derecho Medieval y otras materias de vanguardia en toda República Bananera que se respete. Ese ahínco en los cursos le sería de gran provecho en el futuro.

Viviendo agazapado debajo de un legajo casi una década, en ese lupanar del Fujimorismo llamado Palacio de Justicia, Vil Stein saltó a la fama mediática cuando, en pleno proceso anticorrupción que por error ocurrió en estas tierras, opinó que los Vladivideos no eran pruebas válidas y que los juicios al fujimontesinismo era "persecución política".

Ante tales muestras de servilismo rastrero al poder mafioso, años depués Vil Stein fue premiado con la Presidencia del Poder Judicial, desde donde ha demostrado una ineptitud encomiable, aderezada con simulacros de bronca con "El Presidente" y guiños a esas combis de la cleptocracia llamados Partidos Políticos para tentar una aventura electoral, confiado en conseguir votos de los tetudos que se creen lo que Correo o La Razón esputan.

Por eso no sorprende ver a este jurisconsulto de la naúsea, este fibroma de la moralidad, en la triste misión de chalequear a "El Presidente", olvidando qué,  por su cargo no puede adelantar opinión; con argumentos salidos de las cloacas del machismo, la homofobia y la matonería bufalesca, aduciendo que el joven voluntario mereció la agresión de un Hidalgo como "El Presidente" y sus matones, sacándola barata porque macho que se respeta y no es maricón responde a los golpes y en mancha cuando le dicen la verdad.

Basado en su amplia experiencia como experto en Derecho Penal Kafkiano, con posgrado en las Universidades de Azángaro y Gran Caimán,  Vil Stein se ha aventurado a recomendar a esa gangrena andante de la decencia - mal llamado "El Presidente" - a iniciar juicio por injuria grave al joven voluntario que le espetó, en su cara regordeta y pelada, la palabra corrupto.

Analizar sobre si "insultar" u "ofender" a "El Presidente" es delito, o diferenciar con ínfulas de erudito de plazuela lo que se dice en una marcha o de frente, es bizantino y patético: cualquier estudiante de derecho con inteligencia borderline sabe que la recomendación de Vil Stein es un mamarracho, que solo sería admisible en la República Dominicana de Trujillo, el  Haití de los Duvallier, la Nicaragua de Somoza, todas con culto a la personalidad y la figura intocable de "El Presidente", situacion en la que Alan García y sus adulones solapados y confesos estarían muy felices.

Un Presidente, aparte de la huachafería de representar a La Nación, es un servidor público, elegido para defender las leyes y los ciudadanos, no para agredirlos o tratarlos como ciudadanos de segunda categoría si éstos le asignan una cualidad que se lo ha ganado a pulso, tras 10 años de desgobierno y casi treinta viviendo a costa de los peruanos, engordando su anatomía y su fortuna personal.

Vil Stein y los que travestida o abiertamente defienden la matonería de "El Presidente" olvidan o quieren olvidar que no estamos en el Virreynato, dónde Amat se paseaba con la Perricholi por la Alameda de los Descalzos y era intocable, repartiendo mermelada ante el relamer de dedos de sus adulones, que defendían la integridad de Su Excelencia y saltaban como mastines  si alguien lo tocaba de palabra o pluma.

Alan García Perez, "El Presidente",  es una persona corrupta, mitómana, cleptómana y asesina, con juicios prescritos de enriquecimiento ilícito y otros de lesa humanidad retenidos.

Ofenderse o rasgarse las vestiduras por esas "afrentas" a la investidura presidencial, como hace Vil Stein y otros líderes de opinión de jebe,  solo puede responder a una enraizada mentalidad colonial y mercantil, basada en la prostitución de la ley y la honestidad, que añora las épocas en que las novias eran entregadas al Señor Feudal o a El Presidente (p.e Trujillo) para su derecho de pernada, ante sus ojos llorosos, pero de felicidad y orgullo.


Escrito por

Troba

Entre el presente y un pasado glorioso que tampoco es pasado.


Publicado en

Zona Libelada

Tiñosas, lagartijas, esperpentos.